¿Día de la Madre o “gracias mamá” cada día?

¿Día de la Madre o “gracias mamá” cada día?

Es sólo un día en el calendario pero hay mil motivos para celebrarlo todos los días

Como ya sabéis, este próximo domingo, 7 de mayo, se celebra el Día de la Madre, un día muy señalado en algunas casa, si bien otros son más partidarios de celebrarlo cada día del año. Sea como sea, este día tiene un origen y, ¿sabéis qué? No siempre se ha celebrado el mismo día. Hoy os descubrimos algo más de esta fiesta y os damos algunas ideas para que vuestra mamá, hermana, amiga o vosotras mismas reciban su mejor regalo.

Se cree que la tradición de honrar a la madre proviene del antiguo Egipto, donde la protagonista de tal celebración era Isis, la diosa madre de la civilización. Más tarde, en Grecia se empezó a rendir culto a Rea, madre de varios dioses del Olimpo como Zeus, Poseidón o Hera. Posteriormente, en el imperio romano pasó a ser homenajeada la diosa madre Cibeles, y en el entorno cristiano se empezó a rendir culto a la Virgen María y se instauró el 8 de diciembre, coincidiendo con la Inmaculada Concepción, como día para festejar a las madres. Saltando al siglo XX, en 1914, en Estados Unidos establecieron que se iba a celebrar el segundo domingo de mayo, algo que muchos otros países adoptaron. España, sin embargo, en 1965 lo cambió de día pero lo avanzó al primer domingo de mayo, tal como está marcado actualmente en el calendario.   

Después de este pequeño contexto sobre el teórico origen de este día, vayamos a lo más importante: qué y cómo se celebra. El objetivo de celebrar el día de la Madre es homenajear a la persona que nos dio la vida y que nos acompaña a lo largo de ella, sin condiciones, con el amor más grande que se puede dar y la persona que se alegra por nuestros éxitos y sufre con nosotros cada una de nuestras decepciones. Podríamos decir mil y una cosas de las madres y nos quedaríamos cortos, aunque ¿por qué intentar definirlo si lo que sentimos por ellas ya lo sabemos cada uno de nosotros? Pero ¡alto! –y aquí viene el segundo y más importante objetivo de esta celebración-; ¿se lo transmitimos siempre cómo se lo merece? Seguramente no, debido a múltiples razones (el ritmo poco consciente que muchos llevan en el día a día frenético, la creencia de que “ya sabe que la quiero”, etc.). Pues bien, celebrar el día de la Madre puede ser una excusa para parar un poco, reflexionar y agradecer todo lo que nuestra madre (o nosotras mismas, si ya lo somos) han hecho y hacen por sus hijos. Y comunicárselo. Es cierto que el día de la Madre ha tomado en los últimos años connotaciones muy comerciales, algo que para algunos desprestigia el día o crea cierto rechazo a este tipo de ocasiones. Los partidarios de tener un día dedicado a la madre lo podrán celebrar y usar como día para condensar sus sentimientos hacia la suya, y los que no, pueden pensar que el reconocimiento a las madres es algo que habría que practicar todos los días del año, y empezar o continuar haciéndolo.

Y es que el vínculo sano entre madre e hijo o hija es, desde el minuto 0, algo fundamental para el desarrollo de un bebé y de la persona a medida que crece. No en vano distintos estudios aseguran que, durante las primeras horas de vida fuera de la mamá, el afecto que reciba el bebé condicionará muchos aspectos de su futuro desarrollo. Instintivamente, toda madre tiende a proteger a su retoño inmediatamente, a ponérselo en su pecho y abrazarlo. Y esto es algo absolutamente recomendable, en ese primer segundo pero también a lo largo de los primeros años del hijo o hija. La crianza con apego, el coger en brazos, arropar, dormirlos encima de nosotros si vemos que así se sienten más seguros, es algo que los beneficia y en ningún caso puede perjudicarlos, si en ese momento percibimos que es lo que más tranquilo hace sentir a él o ella y nosotros lo disfrutamos. La voz de su madre, que lleva nueve meses oyendo, su olor y su tacto (pensemos que los primeros estímulos de un bebé son táctiles) hace que ese contacto, ese cariño y protección, cobren para el recién nacido una importancia enorme (incluso, o todavía más, en los bebés que tienen que permanecer en la incubadora, como ha demostrado ampliamente el “método canguro”). Un apego seguro durante los primeros años de vida del bebé pueden favorecer la capacidad cognitiva del niño, aumentar su autoestima sabiéndose amado, adoptar una creciente independencia saludable (algunos creen que sucede lo contrario “porque se acostumbra a los brazos y a no despegarse de nosotros”, pero no nos sentimos más impulsados, incluso como adultos, a ser autónomos si sentimos que siempre habrá alguien que nos quiere y nos apoyará?), relaciones familiares y personales más positivas y una mayor empatía, entre otros beneficios que se suelen atribuir a esa crianza con apego sano.  

La lactancia, como no, es uno de las principales fuentes de ese apego sano, de este estrechamiento del vínculo madre e hijo, además de las ventajas objetivas que tiene para un niño tomar la leche de su mamá. Para que ese momento sea lo más placentero posible (también si el niño toma biberón) para ambos recomendamos el uso de nuestro cojín de lactancia, que permitirá tanto a madre como a bebé estar cómodos y sentirse seguros durante ese momento tan especial. 

Naturalmente, y desde nuun siempre lo defendemos, lo “correcto” en todos los aspectos de la crianza siempre será lo que la familia decida que es mejor para padres e hijos, pero nunca lo que “alguien” haya dicho que es lo mejor o lo que nos hayan intentado hacer creer que puede perjudicar al niño.     

Y vosotros, ¿celebraréis el día de la madre el domingo o lo hacéis cada día? ¿Qué os sugiere en una idea la palabra “madre”? 

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