Lactancia materna, un aprendizaje mutuo

Lactancia materna, un aprendizaje mutuo

Recomendaciones para disfrutarla en todas las etapas de tu bebé

Desde el minuto uno en que una descubre que se convertirá en mamá, la ilusión, euforia y ganas de experimentar esos nueve meses de cambios son tan intensos como las dudas que empiezan a asaltarnos. Si bien el mundo está lleno de madres, sabemos cómo lo hizo la nuestra y vivimos la maternidad de nuestras hermanas y amigas, cuando una es la protagonista de la historia, de su maternidad, la perspectiva cambia radicalmente. Y gran parte de nuestros pensamientos giran en torno a la lactancia materna. ¿Sabré hacerlo? ¿Se enganchará mi bebé al pecho? ¿Me pedirá mucho o poco? ¿Tendré suficiente leche? ¿Cuánto tiempo podré darle de mamar? Y tantas otras cuestiones inevitables de dejar al margen, aunque para ese momento falten todavía meses. También habrá madres, claro, que embarazadas o una vez haya nacido el bebé, no podrán o no querrán dar el pecho, algo totalmente respetable siempre que el niño tenga una fuente de alimentación nutritiva y desarrolle de otras formas el contacto con su madre. Hoy, sin embargo, nos dirigimos a las mamás lactantes o a las que tienen pensado serlo. 

La lactancia, un regalo para madre y bebé

La OMS aconseja la lactancia materna exclusiva (excluyendo incluso líquidos que no sean la leche de la mamá, como el agua) durante los seis primeros meses de vida del bebé, si bien muchas nos preguntaremos cómo casa esta recomendación (que muchas madres quisieran cumplir) con la política laboral y el escaso tiempo de baja maternal de este país, de sólo 4 meses. La misma organización recomienda alargar la lactancia hasta los dos años o más, complementándola a partir del medio año con otros alimentos. Esta propuesta avala a las mujeres que deciden dar el pecho al niño hasta que ambos lo deseen, algo que desgraciadamente no siempre está bien visto por parte de toda la sociedad. Como alimentación complementaria, pues, se introducirán dos refrigerios nutritivos entre los seis y los ocho meses, que se elevarán a tres entre los nueve y los once meses. A partir del año, propondremos tres comidas y dos refrigerios. En resumen, iremos aumentando progresivamente cantidades, introduciendo alimentos triturados o cortados que los niños puedan coger, con tal de acompañar al niño o niña en su transición de la lactancia a la alimentación familiar, siempre respetando sus tiempos y momento de su proceso madurativo. 

Si bien la lactancia en cualquier mamífero es un hecho natural, instintivo y que en la inmensa mayoría de los casos se desarrolla de forma positiva, sobre todo en los inicios, cuando todavía mamá e hijo se están conociendo, surgen inquietudes que pueden preocupar, estresar, dudar de las capacidades de una misma, doler e incluso replantearse si seguir o no con la lactancia. A priori, todos los niños están preparados para mamar y todas las madres para dar el pecho, y sin duda la lactancia es uno de los aspectos de la maternidad que crean y refuerzan más el vínculo entre madre e hijo o hija. Para el recién nacido es fundamental sentir el contacto con su madre (y con su padre), y el tipo de relación que se establezca entre ellos condicionará su evolución cognitiva, puesto que el 75% del cerebro del humano se desarrolla durante los dos o tres primeros años de vida. Especialmente, la primera hora de vida del bebé es de gran importancia: será entonces cuando el niño y la madre, cargados de endorfinas provocados por el parto, tendrán el primer contacto físico externo, practicando el piel con piel, un momento de prolongación de sus estancia en el interior de la mamá donde el bebé reptará hasta el pecho de la madre de forma natural hasta agarrarse y empezar a succionar. Un contacto precoz positivo tendrá grandes beneficios en la calidad y la duración de la lactancia materna, si bien ese apego y ese vínculo se creará cada vez que el niño mame, independiente de si ha sido separado precozmente del cuerpo de su mamá, algo que en algunos casos y por distintos motivos puede suceder.  

Para el bebé y niño, sentir satisfechas sus principales necesidades (afecto, calor, nutrición, seguridad) les aportará el bienestar para poder dar respuesta a futuras situaciones de estrés de forma más efectiva y saludable. 

Las crisis de crecimiento: conocimiento y paciencia

Si bien los primeros días puede que la mamá sienta sus pechos calientes y duros, con las consiguientes molestias, ese estado durará generalmente pocos días (aunque a veces se alarga a alguna semana), hasta que la producción de leche se haya regulado en función de la demanda del bebé. En el peor de los casos, aunque sean momentos complicados, la consigna es clara: consultar dudas, tener paciencia, no dudar de una misma y pensar que el niño, con lo poco que toma, está suficientemente nutrido. Y dejar pasar los días y que todo se ponga en su lugar y ambos puedan empezar a disfrutar la lactancia. Probablemente, aunque no es tan matemático en todos los casos, mamá y bebé pasarán por cuatro de las llamadas “crisis de crecimiento”; que serán los momentos más críticos de la lactancia materna. Se darán a los 17 o 20 días, a las 6 o 7 semanas, a los tres meses, al año y a los dos años. Las dos primeras, que pueden crear estrés, mayor cansancio y dependencia a la madre, son causadas por un aumento de la demanda porque el bebé necesita que el pecho produzca más leche. Después, las capacidades del bebé aumentan y se distraerá con mayor facilidad durante las tomas, algo que puede inducir erróneamente a la mamá a pensar que no toma suficiente leche. Al año el niño pedirá menos pecho porque disminuye su ritmo de crecimiento y a los dos años, marcados por el “no” del niño y por su creciente independencia, éste podrá pedir pecho insistentemente y de forma nerviosa buscando seguridad. Sea como sea, todo pasa.

Teta time, felicidad compartida

Una vez que mamá y bebé se han adaptado a la lactancia, se van conociendo y entendiendo, la lactancia es sin duda uno de los momentos que aportan más felicidad a la mujer y a su hijo o hija. Es solo cuestión de tiempo –a veces horas, a veces días- empezar a disfrutarlo como el regalo que es. La lactancia periódica y sin restricciones, evitar interferencias con chupetes o biberones, y una posición correcta con un buen agarre son las tres principales condiciones para un desarrollo positivo de la lactancia. Justamente, la posición del niño es uno de los aspectos que más influyen en la correcta lactancia. Éstas son múltiples: estirado, cogido por su madre y con los pies hacia el pecho contrario; con su costado tocando el costado de la madre, por debajo del brazo de mamá y los pies hacia su espalda; sentado a horcajadas sobre una pierna de la madre; o estirado en paralelo o paralelo inverso a su madre, por ejemplo en la cama. En cuanto a la postura de la madre, si bien la solemos imaginar sentada y cogiendo al niño de lado, hay muchas otras posiciones posibles y combinables, según el momento y el lugar de la toma. Se recomienda que esté ligeramente reclinada hacia atrás, aunque lo fundamental es que esté cómoda y se sienta segura sentada, estirada, de pie o a cuatro patas (en caso de mastitis en la parte superior del pecho), evitando sólo estar encorvada sobre el bebé. Si da de mamar sentada, un cojín de lactancia puede ser de gran ayuda para que la mamá pueda descansar brazos y espalda del peso del niño.

¿Y cómo sabremos si el niño está en posición correcta? Si la cabeza y el cuerpo del bebé están en línea recta, el bebé mira hacia el pecho, la tripita del bebé está cerca de la de la madre y ésta lo envuelve totalmente cuando es recién nacido, podemos estar tranquilas. Para saber si succiona bien, deberemos comprobar que su barbilla y nariz tocan el pecho de la madre, que el labio inferior del bebé está doblado hacia abajo, la boca abierta y que haya más parte de aureola de la madre por encima que por debajo de la boquita del bebé. Si la madre siente molestias en el pezón, probablemente sea debido a una incorrecta posición del bebé o de un mal agarre de la boquita del pequeño. En este caso se aconseja consultar a un experto para evitar las dolorosas grietas en el pezón.

Estas son indicaciones generales, aunque por supuesto cada mamá y cada niño es un mundo, y la lactancia es un proceso intenso, que implica distintos factores y que ambas partes vivirán de forma muy personal. Será aconsejable consultar al médico, matrona o asesora de lactancia en caso de duda o de dificultad de algún tipo, sea por parte de la madre o del bebé. Seguro que en vuestra zona existen distintos centros donde buscar asesoramiento, así como grupos de soporte a la lactancia donde compartir experiencias con otras mamás en la misma situación. Como recurso online os recomendamos Alba Lactancia Materna, donde encontraréis todo tipo de información útil antes, durante y después de la lactancia.

Os deseamos una lactancia muy feliz y que disfrutéis cada segundo de esta maravillosa oportunidad que la maternidad nos ofrece. Y a las que ha la habéis vivido, ¿cuál ha sido vuestra experiencia con la lactancia?

 

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