La alimentación infantil en verano

La alimentación infantil en verano

Consejos para mantener hábitos saludables cuando las rutinas de los niños se difuminan 

El verano, que ya estaba llamando a la puerta en forma de calor insoportable, oficialmente llegó, y con él el fin de curso, el inicio de las vacaciones de nuestros hijos e hijas (las nuestras en muchos casos todavía tendrán que esperar) y las estrategias de los padres y madres para “colocar” a sus hijos durante estas semanas previas a las vacaciones familiares. Sea en campamentos o en casa de los abuelos, los pequeños verán alterada su rutina en todos los aspectos, y uno de los que más preocupa a padres y madres es la alimentación. Hoy os damos algún consejo para mantener hábitos saludables durante el verano, y alguna idea para sobrellevar el calor de la forma más rica y equilibrada. 

Las madres lactantes son las que menos problemas tendrán en este sentido, ya que sus bebés sólo necesitan la leche materna durante los seis primeros meses. Como ya sabéis, la OMS recomienda la lactancia materna exclusivadurante los seis primeros meses de vida del bebé. Pese a las altas temperaturas, durante ese medio año no hay que darle ningún líquido que no sea leche; es decir, al niño o niña no le hará falta beber agua porque la hidratación y nutrición de la leche es más que suficiente para él o ella. Si es posible, se aconseja prolongar la lactancia materna hasta los dos años. Eso sí, a partir de los seis meses dejará de ser exclusiva para complementarla con otros alimentos en forma de refrigerios nutritivos y de comidas completas, aumentando las cantidades progresivamente, según recomendación de su pediatra, y respetando en todo momento las necesidades y momento evolutivo del pequeño.      

Si bien siempre se ha solido dar la comida triturada a los niños pequeños, desde hace un tiempo muchos padres y madres optan por el Baby-Led Weaning, la forma de denominar la alimentación guiada por el propio niño o niña mediante comida en su forma original y no triturada. Este modo de alimentación, según los expertos que la defienden, fomenta la autonomía del pequeño, su autorregulación, la experimentación y el conocimiento de los alimentos a través de su textura, sabor y color, y facilita la inclusión del niño en las comidas familiares dentro y fuera de casa. 

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Para poder empezarlo, el bebé deberá tener seis meses, ser capaz de mantenerse sentado, haber abandonado el reflejo de extrusión (expulsión de los que le entra en la boca) y mostrar interés por la comida. Es una técnica, eso sí, que especialmente al inicio requiere de tiempo y de mucha paciencia (¡y de mucho mocho y lavadoras!) por parte de los acompañantes del niño. Por este motivo el verano puede ser un buen momento para empezar; los peques van menos vestidos y los papás y mamás tienen más tiempo para estar con ellos sin prisasLos pequeños podrán empezar a comer solitos en su trona evolutiva oueat y los padres podrán estar tranquilos porque es facilísima de limpiar. Pese a ser de madera, su acabado de barniz al agua permite que, con un solo trapo húmedo, la superficie quede como si nunca nadie hubiese creado un “Pollock” de comida sobre ella ;-) 

Si la fruta es siempre fundamental en una dieta saludable y equilibrada, en verano será nuestra gran aliada para refrescarnos, hidratarnos y nutrirnos cuando el calor aprieta y tenemos menos ganas de cocinar y de comer cosas calientes. A muchos niños les gusta, pero para los que tengan más problemas con ella, hay “truquitos” para que la coman más a gusto. Por ejemplo, preparar junto a nuestros pequeños brochetas de fruta (piña, sandía, melón…)  

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o hacer helados naturales de fruta: por ejemplo, cortar un plátano a trocitos, congelarlo y luego pasarlo por la batidora hasta lograr una crema a la que se le podrá añadir cacao desgrasado, frutos secos u otras frutas como frutos rojos.. Entonces, rellenar moldes de “polo” y esperar a que vuelvan a congelarse.  

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Otra opción refrescante es hacer lo mismo con trozos de fruta variada pequeña y zumo de fruta natural, para crear “polines” caseros, o pinchar un yogur o gelatina con una cucharilla y dejarlo congelar (lo hemos hecho todos, ¿no?).  

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Además, durante el verano será más importante que nunca beber agua en abundancia, algo que a veces cuesta tanto a adultos como a pequeños. ¿Una idea? Añadir a las jarras de agua fruta cortada, que además de dar un toque refrescante y de sabor al agua, será más agradable a la vista de los niños, que nos pueden ayudar con la “creación”.   

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¿Cómo os organizáis en verano con las comidas? ¿Tenéis algunos trucos infalibles para que vuestros peques sigan comiendo saludable y se hidraten bien? 

 

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