Niños y tareas en casa: claves del éxito

Niños y tareas en casa: claves del éxito

Cada vez los padres tienen más claro que los hijos deben colaborar en casa y, aunque no siempre es fácil, hay algunas pautas que nos ayudarán a lograrlo

Como quien no quiere la cosa casi nos hemos plantado ya a verano y es momento de hacer balance de esta (casi) primera mitad del año. En este blog empezábamos el año con un post dedicado a los propósitos de año nuevo para los más pequeños de la casa, orientando a mamás y papás, con propuestas variadas y siempre adaptadas a las edades de sus hijos. Antes de nada, es importante remarcar que si se han cumplido con éxito o no muy probablemente no depende sólo de los menores.

¿Qué condiciones se deben dar para que el niño cumpla sus objetivos?

En primer lugar, como enfatizamos siempre, especialmente cuando hablamos de la pedagogía Montessori, es importante fomentar la autonomía del niño o niña, brindarle el entorno y las condiciones necesarias (físicas y emocionales) para que pueda desarrollarse de forma libre, probar sus límites y tomar conciencia de sus capacidades con observación y acompañamiento del adulto pero sin exceso de intervención.

Esto potenciará en el o la menor seguridad en sí mismo, conciencia corporal y cognitiva, y le generará confianza a medida que vea que es capaz de superarse de forma autónoma y progresiva. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que hay que valorar si las tareas que nos marcamos (a principios de año o en cualquier otro momento) son realistas y están enfocadas a su edad y etapa de desarrollo (recordemos también que dos niños de la misma edad pueden estar en momentos madurativos distintos y hay que personalizar).

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Como hablábamos en el post mencionado, un niño a los 2 o 3 años puede ser capaz de ordenar sus cosas (podemos tener un cajón o una bolsa exclusiva para ello y así facilitarle la tarea), de tirar cosas a la basura o de comer solo (algo que puede haber empezado a hacer ya muchos meses antes si aplicamos el BLW). A los 4 o 5 años ya podrá contribuir a poner la mesa (en la medida de sus posibilidades, siempre), y vestirse y lavarse solo, así como empezar a preparase su material para la escuela. A los 6 o 7 años, podemos impulsar a nuestro hijo o nuestra hija a participar de las tareas domésticas como hacer la cama, barrer o poner y vaciar el lavavajillas.

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De los 8 a los 11, un niño o una niña es plenamente capaz (y será positivo para ellos) de prepararse el desayuno, cuidar a una mascota (ponerle la comida, cambiarle la tierra…) y de ducharse de forma autónoma. Poco a poco, irá ayudando a sus padres a preparar comidas, sacar a la mascota para paseos breves y cerca de casa o supervisar a sus hermanos menores si los padres se ausentan por poco tiempo, así como a sacar la basura.

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A los 12 el menor podrá pasar a hacer tareas algo más complejas como planchar alguna prenda (con supervisión de un adulto) o ir al supermercado o mercado a hacer una compra básica. Además de los beneficios para ellos, que colaboren en casa nos esponjará de nuestras múltiples responsabilidades y rebajará nuestras dosis de estrés, uno de los enemigos principales de la salud mental personal y familiar. A más trabajo, más estrés, más malas palabras con nuestros hijos, ellos se enfadan más, nos generan más agobio… Un círculo vicioso más fácil de romper de lo que parece.

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¿Os organizáis así en vuestra familia? Repetimos que estas pautas son orientativas y habrá que adaptarlas a cada caso particular: puede ser que a los 5 ya sea capaz de colaborar mucho en casa o que a los 8 todavía le cueste hacer algunas cosas por sí solo/a. Como padres no podemos ser demasiado exigentes: a menudo caemos en el error de valorar su acto como lo haríamos con un adulto ¡y no lo son! Si no hace la cama del todo bien, pone la mesa de forma poco protocolaria o no barre cada esquinita del salón, no le reprochemos eso sino valoremos que lo ha hecho y se ha esforzado.  En definitiva, refuerzo positivo para que el menor se sienta útil y quiera repetir y mejorar.

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Ah, y siempre, siempre, tengamos en cuenta que cada niño es bueno en algo pero no todos son buenos en todo.

¿Qué puede haber fallado si no hemos cumplido objetivos?

Si hay tareas que nos marcamos (como familia o que se marcó el menor de forma proactiva) y las hemos alcanzado, ¡felicidades! Ahora bien, si no ha sido así (que no cunda el pánico; seguro que otros objetivos familiares sí que se han alcanzado y podemos celebrarlo), deberemos analizar el porqué.

Una posible causa de que el niño no haya podido cumplir las “metas” establecidas es una sobreestimación de sus capacidades. ¿Hemos identificado que aquello que le exigimos o que él se propuso no se adecua a su momento evolutivo? Entonces rebajemos expectativas y no le culpemos; digámosle que más adelante será capaz de hacerlo pero que de momento puedo probar con otras cosas.

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Ni culpar ni regañar; el refuerzo positivo será fundamental para hacerle sentir importante y fomentar sus ganas de seguir superándose. En esa línea, es importante recordar la importancia del no positivo. En muchos momentos deberemos negar cosas a nuestros hijos (tanto si quieren hacer algo que en ese momento no procede como si no lo quieren hacer y es necesario). Pues bien, transmitir ese “no” obviando esa ruda palabra, servirá para que el menor entienda las consecuencias de sus actos o decisiones, identifique alternativas y comprenda qué implica cada acción. Establecer límites a nuestros hijos los volverá más responsables, respetuosos y tolerantes, y les demostrará que con actitudes autoritarias o desagradables no se consigue nada bueno (ni ellos, ni nosotros).

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Evidentemente decir no de forma positiva no es tarea fácil, pero como os hablamos en este post hay alternativas sencillas y muy positivas para el respeto entre los miembros de la familia y el refuerzo de su vínculo.

Para aumentar las posibilidades de éxito de esa colaboración del menor o la menor también será crucial orientarle y ayudarle a entender cómo llevar cabo las tareas y para qué sirve cada cosa, cómo beneficiará al niño y a la familia hacer aquello.  Sin intervención siempre que podamos evitarlo, pero con supervisión, acompañamiento y soporte.

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Además, sin duda, que vea que en casa sus referentes adultos hacen aquellas tareas de forma compartida será el mejor ejemplo para que el niño o la niña siga sus pasos y quiera emularlo, sintiéndose parte activa de la familia y reforzando así su seguridad, autoestima y creando una dinámica de confianza entre los miembros muy necesaria y sana que ayudará en tantas otras esferas de las relaciones personales en familia.

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Y vosotros, ¿cómo os dividís las tareas de casa? Si vuestros pequeños/as contribuyen, ¿desde qué edad lo hacen? ¿Cómo ha beneficiado la dinámica familiar esa cooperación?

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