Operación pañal: cuándo y cómo

Operación pañal: cuándo y cómo

Ofrecemos pautas y desterramos mitos para normalizar esta etapa y aumentar las posibilidades de éxito

El verano, entre muchos otros motivos, es una época esperada por muchos padres con niños que rondan los dos años… Se suele creer que este es el mejor momento para probar a retirar el pañal a las niñas y los niños. ¿Es realmente esa edad la indicada y en la que hay que hacerlo? ¿Es mejor que lo hagamos en verano? ¿Qué pasa si surgen complicaciones? En el post de hoy hablamos de cómo llevar a cabo la operación pañal de forma respetuosa, personalizada y ¡exitosa!

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En primer lugar, como en todo lo relacionado con el crecimiento del niño el control de esfínteres y por lo tanto la posibilidad de dejar el pañal se trata de algo madurativo. Si no se nos ocurriría cuestionar por qué un bebé de ocho meses no habla o anda, no deberíamos plantearnos antes de tiempo el quitar el pañal. Porque 1) antes de tiempo significa antes de que nuestros hijo e hija esté preparado y 2) recordemos que se lo pusimos nosotros y que él o ella no ha conocido otra cosa pero tampoco lo llevará eternamente. Como en todos los aspectos de la crianza, todo llega cuando tiene que llegar, no cuando nosotros queremos porque nos va bien a nosotros como padres.

Cuándo nos lo podemos empezar a plantear

Se suele dar por sentado que entre los 22 y los 30 meses los niños y niñas ya controlan esfínteres y deberían por lo tanto ser capaces de dejar el pañal. Pues bien, algunos sí y otros no. De hecho, muchos siguen teniendo escapes pasados los tres años. Y sí, es normal.

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Si él, espontáneamente, va aguantando seco cada vez más –varias horas–, nos hace notar que va sucio o se toca y muestra incomodidad o nombra partes de su cuerpo que pueden estar mojadas, podemos empezar a probar a quitárselo. Para retirar el pañal deberá controlar tanto pipí como caca. En algunos casos se controla antes la última, puesto que el esfuerzo para hacerla es mayor y la capacidad de anticipación, también, con lo cual nos puede avisar con más antelación o mostrar signos más evidentes de necesidad.

Deberemos tener en cuenta, como padres, que este, uno de los pasos más relevantes en lo que respecta al desarrollo y autonomía del niño o niña, no es un proceso necesariamente rápido y puede llevarnos meses consolidarlo. De hecho, será importante observar si nuestro/a hijo o hija actúa de forma autónoma en otros aspectos de su vida (si ya coge solo los cubiertos, si juega de forma independiente, si colabora cuando lo vestimos…).

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Estos signos de independencia pueden contribuir positivamente al éxito de la operación pañal porque el menor no se sentirá dependiente de sus adultos para conseguir lo que se espera de él y podrá controlar él los tiempos.

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Como siempre remarcamos a la hora de hablar del método de crianza Montessori, será importante facilitarle el orinal, un adaptador de taza de váter o un escalón para que vea que puede alcanzarlo de forma autónoma y libre, sin presión y con normalidad.

Qué sí hacer

Si bien muchos padres se marcan el verano como fecha para quitar el pañal, como si fuera algo inamovible, hay que ver en qué etapa evolutiva se encuentra nuestro hijo o hija.

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Es cierto que en verano resulta más cómodo porque hay que limpiar menos, los peques pueden ir desnudo más fácilmente, etc., pero si el niño no nos ha dado señales de estar preparado, la época del año no nos garantiza nada y deberemos esperar hacerlo en otro momento más propicio.

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Otro punto muy importante para implicarlo en ese proceso, que al fin y al cabo es suyo, es que se sienta parte de él. Podemos proponerle comprar un orinal y que lo elija él, así como dejarle jugar con él para familiarizarse, aunque al principio no lo use como orinal. Si le gusta, lo conoce y no lo ve como algo extraño, habrá más probabilidades de que quera usarlo también para lo que sirve…

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Lo podemos colocar cerca del váter y que él normalice el hecho de sentarse en él. No será de un día para otro, pero que nos vea, sin necesidad de hacer muchos aspavientos, creará en él curiosidad y ganas de imitarnos. En el caso de que no les atraiga el orinal, podemos proponerle incluso seguir usando el pañal pero pidiéndole que nos avise cuando lo necesite. Hacerlo “donde toca” ya vendrá.

Es fundamental normalizar el hecho de hacer pipí y caca, no valorarlo como algo excepcional. Hablaremos con ellos de qué es, cómo sale, donde se suele hacer, qué pasa si uno se lo hace encima, etcétera. Pero siempre con naturalidad y sin recriminar ni acusar. Para ello, podemos apoyarnos en libros sobre el tema (en este caso, la caca) como los que nos proponen aquí.

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Si observamos que aguanta hasta sentarse en el orinal o pedirnos pañal, podremos quitarle el pañal para dormir durante el día porque muy probablemente aguante sus siestas sin hacerse pipí. Quitarlo por la noche puede llevarnos más tiempo; de hecho, es normal que hasta los 5 años no se controle del todo. Empezaremos por no quitárselo y preguntarle si tiene pipí antes de acostarse y siempre que se levante espontáneamente. Si durante una semana se ha levantado seco, optaremos por retirárselo, siempre usando un protector de cama impermeable, y teniendo el orinal cerca y el baño accesible por si al desvelarse o levantarse debe usarlo. 

Qué no hacer

Tan o más importante como lo que potenciaremos es lo que evitaremos. Desterraremos de nuestro vocabulario las expresiones como “deberías hacer tal porque ya eres mayor”, “tienes que hacer pipí en el orinal porque ya no eres un bebé”. Si no lo hace es porque simplemente no puede, no está preparado, no porque quiera seguir siendo pequeño o nos quiera desafiar. Más productivo para su autoestima y su confianza (en él o ella mismo/a y en nosotros) que recriminar será felicitarlo cuando por iniciativa propia vaya al orinal o nos pida que le acompañemos. De todas formas, como hemos dicho, sin hacer de este acto nada más ni nada menos que lo que es, un acto cotidiano que hay que normalizar e incorporar.

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Tampoco compararemos su evolución y su éxito o fracaso con el de otros niños de la familia o amigos, tengan la edad que tengan. Y todavía menos lo o la dejaremos en evidencia si se le escapan sus necesidades en un momento en que esté sin pañal. Le explicaremos lo que ha pasado, como se puede evitar la próxima vez (“si tienes ganas me puedes avisar y vamos al baño o ponemos el pañal”), le diremos que un día lo hará en el orinal o en el retrete, que es donde se hace, y lo limpiaremos. Nunca reñiremos ni premiaremos, justamente para naturalizar el hecho y no promover situaciones de chantaje ni dejar entrever que es algo tan excepcional que hay que premiar.

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Si consideramos que nuestro hijo o hija está preparado será el momento de probar a retirar el pañal, pero es recomendable no hacerlo coincidir con cambios en su rutina personal o familiar (la llegada de un hermano, un cambio de casa, etc.) ni con la etapa más fuerte de rabietas, preferiblemente (sabiendo que es probable que por edad coincida). Si el o la menor está nervioso/a por otros motivos, será más difícil (emocionalmente y físicamente) que consiga controlar sus esfínteres e implicarse en el proceso. 

Sea como sea, y aunque tendremos en cuenta estas pautas, si el resultado no es el esperado querrá decir que nuestro hijo o hija todavía no está preparado para abandonar el pañal. Sin frustración, ni reproches, sino con empatía, acompañamiento y confianza, lo volveremos a usar y esperaremos a más adelante para repetir la operación. Porque, al final, todo llega.

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