La primera Navidad de nuestros hijos

La primera Navidad de nuestros hijos

Vivirla a través de sus ojos supone recuperar la magia de estas fiestas

La Navidad puede gustar más o menos, ser unas fiestas de alegría y magia o provocar nostalgia y un cierto vacío, especialmente cuando nos faltan seres queridos. Sin embargo, estaremos de acuerdo que una Navidad con niños nos devuelve gran parte del encanto de la Navidad “de los cuentos” y de nuestra propia infancia, y que vivirla a través de los ojos de nuestros hijos nos llenará y emocionará. Por este motivo, muchos padres y madres esperan ansiosos la primera Navidad de sus bebés, y de ello os hablamos hoy.

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Cuando nos referimos a “primera Navidad”, podemos estar hablando de nuestras primeras fiestas navideñas siendo padres (de hijos de menos de un año, por lo tanto) o la primera Navidad “consciente” de nuestros hijos (a partir de los dos o tres años). Naturalmente, nuestra ilusión será la misma por el hecho de vivirla en familia, pero la forma de enfocarlo y de implicar a nuestros hijos e hijas, lógicamente, variará.

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En lo referido a decoración de la casa, si el niño o la niña tiene menos de tres años, es preferible dejarlo preparado y sorprenderle con la casa ambientada cuando llegue a casa de la guardería o cuando se despierte por la mañana. Él o ella no podrá colaborar, si está en edad de tocarlo todo nos dificultaría la tarea, y en cambio disfrutará más viendo aparecer el nuevo escenario y los nuevos estímulos “de la nada”.

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En cambio, si nuestros pequeños tienen más de tres años, será muy beneficioso decorar la casa en familia, haciendo el árbol juntos (incluso podemos haberlo ido a buscar al bosque o a la tienda juntos, para hacerle partícipe del proceso sin desvirtuar la magia), eligiendo las bolas (podemos hacer alguna manualidad juntos en casa y colgarla también del árbol), encendiendo luces, etc.

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Además de hacerlo sentir un miembro más de la familia y de empezar a involucrarle en las tareas de casa (aunque esta sea “divertida”), se lo pasará en grande y empezará a sentir la ilusión de las fiestas y de la atmósfera navideña. Justamente, el año pasado por estas fechas hablábamos en este post de cómo disfrutar de una navidad educativa en familia.

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Si se trata de bebés, como padres nos centraremos en potenciar su estimulación, sin excedernos, permitiéndole observar las luces (recostado en un sofà, estirado en en suelo con mantitas blandas o en nuestros brazos) o ofreciéndole alguna objeto para tocar sin riesgo; tengamos en cuenta que un bebé no ve objetos a más de 20 o 35 cm de distancia. Potenciar su sentido del oído escuchando villancicos o leyéndole cuentos será una buena opción para su estimulación (aunque no entienda el contenido, será muy beneficioso a nivel neuronal, emocional y social). Si está en plena etapa terremoto, habrá que vigilar que no trepe el árbol, que no coja bolas de cristal (si tenemos) que se puedan romper o que no se lleve a la boca plantas de Navidad como el muérdago o el acebo, que pueden resultar tóxicas.

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Uno de los planes más entrañables para los más pequeños (o quizás deberíamos decir para sus padres) es ir a entregar la carta a los reyes magos, “conocer” a Papá Noel o presenciar la cabalgata de los Reyes. Todo ello, si bien seguro que les emocionará (igual algún llanto también es de respeto por esos hombres barbudos y corpulentos) puede provocar cierto estrés a los niños, ya que posiblemente habrá que hacer colas, aguantar aglomeraciones, etc. Para evitarlo en la medida de lo posible, podemos evitar las horas punta, minimizar accesorios súperfluos para la comodidad de todos y traernos comida o algún juguete manejable para hacer más distendida las esperas. 

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En general, en estos días en que se repiten días largos, encuentros familiares, viajes a casas ajenas, ruido, personas nuevas o poco conocidas, etc., será importante mantener, en la medida de lo posible y sin preocuparse más de la cuenta, las rutinas habituales de nuestros pequeños y pequeñas para que su cansancio, cambio de hábitos y estrés no empañe estos días tan especiales.

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Ser los anfitriones y organizar las comidas en nuestra casa nos permitirá mantener los espacios y objetos de nuestros hijos, pero, inevitablemente, nos obligará a ocuparnos más de la preparación y del después, que suele ser lo más pesado de estos días. Si vamos a recibir ayuda tanto en los fogones (por ejemplo, se puede decidir que todos los invitados lleven un plato hecho para no tener que cocinarlo todo los padres con hijos pequeños) como en la recogida y limpieza, y no nos “asusta” montarlo en nuestra casa, puede ser buena opción. Si no, ir a casa de otros nos puede relajar un poco en este aspecto, aunque entonces habrá que llevar algunos bártulos más para nuestros peques (cochecito, algún juego, su comida si come distinto…).

Un gran comodín en estos casos puede ser el cojín de lactancia 3 en 1, que podremos transportar fácilmente a cualquier lado gracias a la cómoda bolsa con la que lo enviamos y hacer sentir cómodo tanto al bebé como al hijo más crecido, ya que podremos ponerlo encima de una cama o del sofá y que duerma en él seguro, arropado y sintiendo su olor, alterando así mínimamente su sueño y lugar de siesta.

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Cuando vayamos a pasear seguramente encontraremos mucha gente por la calle, aglomeraciones y ruidos. Si bien el cuco o la silla de paseo, según la edad, pueden ser prácticos para que duerma si nos paramos a comer fuera, por ejemplo, como hemos dicho, para salidas más cortas puede ser más cómodo portear, puesto que reduciremos espacio y agobios (en este caso, sobre todo para nosotros a la hora de hacernos hueco entre la muchedumbre). Así permitiremos al pequeño o pequeña sentirse más seguro, arropada y cerca de nosotros mientras en todo momento podrá observar a su alrededor y disfrutar de los estímulos que le rodean.

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En cualquier caso, no deberemos olvidar que estas fiestas son para disfrutarlas cada familia y persona a su manera, que no hay nada escrito por mucho que las tradiciones sean unas y que, quien nos quiere entenderá que modifiquemos o pidamos adaptar ciertas rutinas o horarios a las necesidades de nuestros pequeños. Sin obsesiones y pensando que son unos días y que pequeños cambios puntuales no van a alterar de forma perjudicial los ritmos de nuestros pequeños.

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Con sentido común, sin prisas, con previsión para anticiparnos a las situaciones que se pueden presentar y, sobre todo, con mucha paciencia y comprensión, podemos hacer de estas fiestas con niños unos días para recordar. Nosotros y ellos, porque esta Navidad es la primera del resto de sus vidas y, como tal, no la vamos a olvidar ni los unos ni los otros. 

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