Juego sin género

Juego sin género

Cómo practicar la igualdad de género desde la infancia a través de los juguetes

Primero de todo, ¡feliz año! ¡Esperamos de corazón que haya empezado de la mejor manera y que estéis cargados de proyectos e ilusiones para este 2019!

Nos reencontramos por aquí, después de fiestas, para hablaros de… ¡regalos! Pero que no cunda el pánico, que nosotros también estamos un poco saturados de ellos. Aun así, hoy queremos hablar de los juguetes en clave de género.  En primer lugar porque puede ser bueno analizar los recientes regalos de nuestros hijas e hijas y ver qué roles les permiten establecer y cómo los utilizan. En segundo lugar, porque regalos hay todo el año (que si cumpleaños, que si los abuelos se han enamorado de X juguete y un buen día se lo regalan, etc.) y para cualquier madre o padre será útil y positivo ser consciente de la importancia del juego, o los juguetes, a la hora de establecer estereotipos de género que podrán condicionar sus relaciones con ellos mismos y con las demás personas desde la infancia.

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De entrada, consideramos que no existen juguetes sexistas de por si sino aproximaciones sexistas al juego, bien sea por parte de la familia, de la escuela, de las empresas fabricantes, de la publicidad, o del sistema en general. De hecho, han surgido recientemente campañas como esta que aboga por terminar con la distinción de juguetes por género por parte de la industria. Porque jugar, la actividad más pura que puede hacer una persona en sus primeros años de vida, debería trascender cualquier clasificación de género.

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Desafortunadamente, sin embargo, no siempre es así. Socialmente está muy arraigada la asociación entre el género femenino y los juguetes como muñecas, cocinitas, objetos del hogar, etc., vinculados a los cuidados, los afectos, la tranquilidad y la fragilidad. Juguetes habitualmente de colores claros y con el rosa como principal protagonista, tanto en el propio juguete como en el envoltorio o en la publicidad audiovisual o de catálogos. De la misma forma, a los niños se les han asignado históricamente juguetes de acción y de aventuras, asociados a conceptos como la lucha, la violencia y la fuerza, en tonos fuertes y en azul.

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Pues bien, todos esos estereotipos y roles de género inculcados son la semilla para la desigualdad de género ya en su infancia y, por lo tanto, en su desarrollo como personas. Los niños y niñas no nacen con prejuicios, ellos no eligen sus preferencias siempre en función del género con el que han nacido sino de las condiciones ambientales y las dinámicas de género que perciben en su alrededor, en el marco de una sociedad sexista. Las y los peques son esponjas, como sabemos, para “lo bueno” y para “lo malo”, y la infancia es la etapa con más potencial para inculcar en los menores los valores de igualdad, respeto y solidaridad que queramos transmitirles.

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Si como padres y madres no nos hemos planteado nunca esto y nos interesa o preocupa, nunca es tarde para hacerlo y os animamos a ello. Si por el contrario en vuestra familia tratáis de potenciar la igualdad de género y no hacéis distinción de roles en función del mismo, pero aun así veis que vuestros hijas e hijos tienen prejuicios que pueden haber aprendido fuera de hogar, será beneficiosos hablarlo en casa, interesarse por su visión y darles argumentos para poderla cambiar. Siempre desde el no-juicio y sin reproches (recordemos que no es culpa suya ni será consciente de ello) sino desde la explicación fundada y con un lenguaje entendedor.

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Asimismo, será muy importante reforzar su autoestima y animarlos a jugar con aquello que deseen, independientemente de si sus amigos o amigas juegan con ello o no.

Y es que muchas veces ellos mismos se autocensuran, sin saberlo, porque ese juguete es "de niñas” o “de niños” simplemente porque en la publicidad o las tiendas se le ha presentado así, o porque los adultos que tiene cerca lo o la han empujado siempre a interesarse por cosas tradicionalmente vinculadas a su género. Y es que, preguntémonos, si visitamos una tienda de juguetes con nuestro hijo varón, ¿pasaremos por la parte de muñecas o carritos y le mostraremos la oferta para que él pueda libremente decidir si le interesan esos juguetes? ¿O iremos directamente a los coches, aparatos con sonido y movimiento, o disfraces de superhéroe?

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Y con niñas, igual: ¿le enseñaremos las construcciones, los trenes, o juguetes de acción? Si nosotros no se los presentamos como una opción perfectamente válida para ellos o ellas, que aceptamos plenamente, ellos sentirán que no es para ellos, que jugar con aquellos juguetes que posiblemente les llamen la atención no es lo que se espera de ellos y que tiene más opciones de conseguir otra cosa más habitual (habitual porque “hasta ahora se ha hecho así” y porque la mayoría de sus amigos del mismo género juegan con ellos).

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De lo contrario, si se opta por presionar, interferir en sus elecciones o reprimir sus deseos por nuestros prejuicios o voluntad, el niño o niña se frustrará, puede sentir que está haciendo algo “malo” deseando tal juguete en lugar de otro y perderá autenticidad, lo más preciado en los pequeños. Ello puede acarrearle, a la larga, problemas emocionales, de inseguridad, falta de comunicación familiar o una lucha interna entre sus deseos y lo “socialmente aceptado” que puede generarle malestar.

Y es que, ¿por qué no plantearnos que la coordinación, el trabajo de equipo, la potencia o el equilibrio (aspectos intrínsecos al deporte) pueden ser cualidades a potenciar para una niña del mismo modo que para un niño?

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¿O que los cuidados, los afectos, la cooperación o la crianza (lo que se deriva del juego con muñecos o con elementos del hogar) deberían ser valores compartidos tanto por niñas como por niños, que a fin de cuentas pueden ser  futuros padres que querremos que se ocupen en igualdad de los futuros hijos?

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Y es que desarrollar habilidades sociales e individuales, tanto emocionales como físicas, es necesario y positivo para cualquier PERSONA, independientemente de su género, y el entorno de la criatura debería verlas como cualidades complementarias, nunca excluyentes, y potenciarlas empoderando al niño o niña.

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Cuando hablamos de jugar, sin embargo, solemos equiparar juguete  a juego, algo que también deberíamos empezar a desterrar. Y es que jugar va mucho más allá de las posibilidades que nos ofrece un determinado juguete diseñado y fabricado para darle un uso muy concreto y limitado. En cambo, el juego libre, tan defendido e impulsado desde la metodología Montessori y otras, es el que puede conectar en mayor grado al niño o a la niña con su verdadera esencia. Jugar en la naturaleza, en la calle o en casa, con elementos cotidianos o construidos por ellos mismos, con juguetes “reinventados” o con materiales simbólicos les permite divertirse, crear, soñar y pensar con la imaginación y la creatividad en el centro. De este modo se despoja cualquier consideración de género de la esfera del juego y nuestros hijos e hijas se realizan sin prejuicios, límites ni construcciones sociales que no siempre son las más beneficiosas para su desarrollo libre y completo.

Y para vosotros, ¿cuál es el principal reto para educar en igualdad a vuestros hijos e hijas? ¿Y vuestra experiencia con los juegos y los estereotipos?

[Imágenes extraídas de Pinterest]

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