Educación sexual y afectiva en la infancia

Educación sexual y afectiva en la infancia

La importancia de hablar en familia de afectos y sexualidad desde los primeros años

Nos preocupa (y enorgullece) que aprendan a leer, matemáticas, que mejoren su equilibrio, que colaboren con las tareas domésticas… Sin embargo, a menudo –en general– nos inquieta hablar con nuestras criaturas de sexualidad, de su cuerpo, de cómo se relacionan con otros a través de él… No nos referimos solo a sentimientos, que sí es algo que muchos padres trabajan cada vez más, sino de educación afectivo-sexual, la combinación fundamental de afectos y sexualidad, clave para el desarrollo emocional de cada niño y niña.

El componente sexual y afectiva es innato en cualquier ser humano, por pequeño que sea. No en vano, los primeros sentimientos de un bebé pasan por la piel, por el tacto, por el olor y por el cobijo de sus mamás y/o papás. Por lo tanto, ni tiene edad ni tiene género, pero sí que nuestro modo de relacionarnos con ellos o ellas y entre nosotros, los progenitores, condicionará su forma de gestionar los afectos. Ese carácter sexuado de todo niño o niña como ser humano, sin embargo, debe desvincularse de las connotaciones sensuales que aparecen más adelante, en la adolescencia. Es por este motivo que debemos acompañar a nuestros hijos e hijas en su desarrollo afectivo-sexual desde el inicio, adaptándonos a cada etapa de su vida y a su curiosidad y preguntas.

A partir de los 18 meses empiezan a cobrar conciencia sobre su propio cuerpo, y ese descubrimiento viene acompañado de exploración, de cuestionarse cosas sobre su propio cuerpo, de preguntar… A partir de los 3 años esa ansia de autoconocimiento aumenta y puede ser que nuestras hijas e hijos se toquen, algo que no debe alarmarnos y que en la mayoría de los casos es absolutamente natural y pasajero. Es conveniente no censurarlos ni reñirlos, puesto que están descubriendo sensaciones que no relacionan con aspectos sexuales racionales y adultos.  También podremos aprovechar para hablar de lo que ellos y ellas sí pueden hacer con su cuerpo pero no con el de los demás, y viceversa, e inculcar protección, responsabilidad  y respeto hacia sí mismos y hacia otras personas.

Y es que no debemos establecer un día y una hora para hablar de ello en familia; al contrario, cualquier ocasión es buena para hablar con normalidad, empatía y sinceridad de todo, y la sexualidad y los afectos no son excepción: un beso de una pareja en la calle, una escena pillada en una película o algún hecho en su propio cuerpo puede ser la excusa para abordar lso temas que le inquieten o le generen curiosidad. Podemos ayudarnos de libros, de muñecos o de dibujos para explicarles esos temas de una forma comprensible, adaptada a sus conocimientos y amena. Eso sí, es recomendable no usar eufemismos y llamar a cada cosa por su nombre, con un lenguaje sencillo, sean partes del cuerpo o sea hablar de cómo se hacen los niños. Evitar el tema es transmitirles una idea negativa del sexo, y mentirles no aportará nada porque será una cuestión no cerrada ni abordada que más adelante volverá a rondarle por la cabeza.  De hecho, es entre los 5 y los 10 años cuando ya conoce más su cuerpo y pasa a tener interés por relacionarse con personas de su mismo sexo, pero le surgirán preguntas más profundas acerca de la sexualidad de las personas, más que de la suya propia (cómo salen los bebés, aspectos de la relación entre sus padres/madres, etc.)

De los 10 a los 13 entran a la prepubertad, su cuerpo cambia y ahí surgen dudas respecto a su incipiente relación con una sexualidad que se va acercando más a la adulta. Será crucial como padres y madres estar ahí para resolverles esas dudas, para mostrarle comprensión y confianza, y para abordar aspectos como el autocuidado y el cuidado hacia las demás personas con quien se relacionan, a nivel tanto afectivo como sexual. Así habréis creado el clima ideal para que, más adelante, cuando ya entre a la adolescencia y experimente su plena sexualidad por primera vez, tenga el conocimiento, la seguridad y la confianza para relacionarse con él o ella y con los/las demás de una forma respetuosa, responsable y placenteras a todos los niveles. 

En cuanto al propio cuerpo, especialmente al femenino, más expuesto a problemas de aceptación, promover una relación de respeto y conocimiento fomentará una relación más saludable con él, algo importantísimo de trabajar desde la más temprana infancia. No hablamos de explotarlo sino de valorarlo, de conocerlo y de sentir sus partes íntimas como una parte más de su ser. Normalizar la sexualidad, la suya y la de su entorno, favorecerá su autoestima, su empatía, su aceptación, y le permitirá afrontar con más herramientas las situaciones afectivo-sexuales que deba afrontar en el presente y en el futuro.

Y en vuestra casa, ¿se habla de sexualidad y de afectos? ¿Qué os ha sorprendido más de vuestras conversaciones con los/las peques sobre estas cuestiones?

 

 

 

 

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