Bebés y chupete: derribando mitos

Bebés y chupete: derribando mitos

Con defensores y detractores, el uso del chupete no es algo negativo siempre que se sepa cómo y cuándo

Una de las cosas que muchas madres y padres escriben en sus listas de cosas que comprar al bebé es el chupete. Parece que sea un elemento que va de la mano con el ser recién nacido, aunque quién no se ha encontrado con que luego no lo quieren, tienen que probar veinte antes de encontrar “el” chupete o que retirarlo se convierte en una batalla entre progenitores y retoño. Sin más dilación, pues, ¡vamos a aclarar dudas y derribar mitos sobre el uso del chupete!

El chupete, muy extendido especialmente en sociedades occidentales, es un instrumento “facilitador” en el sentido que suele resolver, a corto plazo, situaciones incómodas o dolorosas para el bebé como el llanto, el estrés, el dolor… Eso, claro está, en el caso de que lo acepten, ya que no todos los bebés lo piden ni lo toleran. ¿Y por qué calma a las criaturas? De hecho, no es el chupete per se que tranquiliza al o a la bebé, sino el hecho de succionar. Esa acción, que para el pequeño es un acto reflejo y que lleva a cabo en primer lugar (por lo menos en la mayoría de los casos) con su mamá, le aporta seguridad, tranquilidad y consuelo. Esto supone que un dedo meñique o el pecho de la madre serían elementos que calmarían al bebé del mismo modo, y por lo tanto el chupete como tal no es negativo pero tampoco necesario. En cualquier caso, es una opción 100% válida, y si bien encontrar el chupete que más se adapta a cada bebé no es tan fácil como parece, lo que nunca puede faltar es un chupetero, por comodidad, para no perderlos tan fácilmente y porque da autonomía al menor para ponerse y quitárselo por sí mismo. Los chupeteros nuun son de algodón orgánico y con un clip de madera sostenible. Además, los ocho modelos que tenemos van a conjunto de los baberos, como por ejemplo el original estampado mississipi jean.

¿Cómo puedo ofrecerle una alternativa al chupete? El apego (a veces dependencia) al chupete se debe principalmente al aburrimiento, nerviosismo o malestar, a una necesidad emocional o a sueño. En el primer caso, podemos proponer una actividad lúdica para animar a nuestro pequeño; en el segundo, calmarlo con un abrazo, un beso o palabras que los hagan sentir acompañados y seguros, y en el caso del dormir, podemos intentar suplir el chupete por un muñeco o un trapo con olor nuestro o con una fragancia calmante. Como dato interesante, a los neonatos que no van a mamar se les proporciona el chupete como analgésico por los efectos en los pequeños de la acción de succionar, y es que cuando buscan el chupete en realidad demandan a su madre y el contacto con ella, algo que nada ni nadie puede sustituir.

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Justamente porque el uso del chupete tiene tanto defensores como detractores (que se acostumbra, que deforma los dientes, etc.), es importante aclarar ciertas concepciones porque, como en todo, no hay blancos o negros. Algo en lo que la inmensa mayoría de pediatras están de acuerdo es en no ofrecer al niño o niña el chupete antes de que la lactancia materna (si así se decide) esté instaurada, tanto a nivel de producción como de posición, ya que el uso del chupete podría interferir. Esto será normalmente a partir del mes de vida. En cambio, en el caso de recién nacidos que no vayan a hacer lactancia materna sino artificial, se les recomienda el chupete para minimizar las probabilidades de muerte súbita del lactante, de lo que están más prevenidos los lactantes gracias a la succión frecuente.

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Si optamos por la lactancia a demanda no tendremos muchas dudas, pero hay quien le ofrece el chupete a su hijo o hija para alargar una toma o “para que se calle” y deje de pedir, lo que podría ser negativo en cuanto a producción de leche, posibilidad de desarrollar rechazo y problemas de agarre. Si el chupete se mantuviese durante años podría deformar el paladar, afectar a la colocación de los dientes, retrasar el habla o dificultar la alimentación. Nada de esto sucede, sin embargo, si el chupete se usa de forma normal y no mucho más allá de los dos o tres años.

¿Cuándo retirar el chupete?

Como en la vida, en la crianza y la maternidad hay pocas verdades absolutas. No hay una fecha exacta para retirar el chupete, sino que hay pautas orientativas que pueden ayudar. Como hemos dicho, dado que prolongar el uso del chupete podría ocasionar algún daño en la boca del menor, es preferible ir planteándole quitarlo. Claro, pero ¿cómo? Es importante estar atentos, como padres, e identificar en qué momento emocional y madurativo se encuentra nuestro hijo o hija, para valorar si es buen momento para tratar de ir reduciendo el uso del chupete. Sea como sea, evitaremos hacer coincidir la retirada del chupete con otros momentos significativos de la vida del pequeño como la llegada de un hermano, el comienzo del colegio o guardería, un cambio de habitación, etc.).

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Una de las pautas positivas a seguir es anticiparlo: sugerirle que ya es mayor, que el chupete le impide jugar, hablar, cantar o leer cuentos, cosas que ya puede hacer por edad y que “será muy divertido hacer juntos”. Podemos llegar a un pacto de dejarle llevar chupete en momentos concretos, por la noche, los fines de semana o si se hace daño en el parque, si bien priorizaremos siempre los afectos en una situación de malestar o ansiedad. Celebrar y hacer emocionante la retirada, por ejemplo sugiriéndole entregarlo a algún personaje que le guste, a Papá Noel o al Ratoncito Pérez, o proponiéndole donarlo a niños que lo necesitan más que él porque son más pequeños o porque tienen menos recursos (explicado de una forma en que lo pueda entender, claro). También podemos intercambiar “regalos”: él o ella nos ofrece su chupete y nosotros, algo que le haga ilusión.

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¿Y qué no haremos? Algo que de vez en cuando se plantea y que no es recomendable hacer es vendar el chupete o ponerle alguna sustancia que huela mal, para que así el pequeño o la pequeña sientan rechazo o imposibilidad de usarlo.  Pensemos que para él era un apoyo enorme y que lo puede pasar mal, necesitando más que nunca su aliado; es más constructivo ofrecerle alternativas, apoyo emocional y tener claro que la retirada del chupete va a ser un proceso gradual, como la mayoría en la crianza de nuestros hijos e hijas.

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Esa paciencia por parte de los padres y madres para gestionar de manera sana y efectiva esa etapa en la vida de un bebé o niño. Las obsesiones nunca serán buenas y, de hecho, en muchos casos son los propios niños los que paulatinamente pierden el interés por el chupete. A medida que haga progresos y acepte bien estas “negociaciones”, lo valoraremos y le mostraremos nuestro orgullo. Y es que, como casi siempre, con afecto, comprensión, tiempo y sensatez, todo irá bien. Probablemente, mucho mejor de lo que nos esperábamos. 

Y vuestros hijos e hijas, ¿qué experiencia han tenido con el chupete? ¿Lo quisieron? ¿Os costó la operación retirada?

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