Educar con un “no” positivo

Educar con un “no” positivo

Cómo aprender a decir "no" de forma constructiva, respetuosa y beneficiosa para nuestros hijos 

Durante el verano y las vacaciones la familia pasa más tiempo que nunca juntos, durante muchos días 24 horas al día. Esto, en principio motivo de ilusión tanto para madres y padres como para hijos, puede ser más complicado de lo parece. A la intensidad de tantas horas juntos, cambios de rutinas y desplazamientos, se pueden sumar exigencias del niño o niña cuando ve que tiene a sus padres todo el día al lado y la oferta de ocio y actividades se amplía. En el post de hoy hablamos de cómo decir no de forma constructiva y beneficiosa para el niño y para el bienestar familiar. Lograrlo puede ayudar a llevar mejor estos meses y la convivencia y educación del pequeño en cualquier momento de su desarrollo.

Decir no cuesta. De hecho, y ahí una parte del problema, cuesta mucho más a adultos que a niños. Sin embargo, como padres es algo que debemos forzarnos a trabajar: saber decir no a un hijo, aunque a veces nos sepa mal, es fundamental para establecer límites a nuestros hijos, haciéndoles ver desde una edad temprana que no siempre se consigue todo lo que desean, y menos con comportamientos desesperados o desagradables. A veces, para los padres y madres –presas del agotamiento y buscando la solución “fácil”– terminan accediendo a las peticiones de los niños, a menudo seguidas de una rabieta si nos negamos. De esta forma, sin embargo, se le está transmitiendo al niño que esa actitud es la que le permitirá conseguir lo que quiere, y naturalmente se repetirá.  

Pero ¡atención!, negar algo a nuestros hijos, siempre con el objetivo de educarlos y hacerlos más tolerantes a la frustración, más respetuosos y más responsables, no implica necesariamente utilizar la palabra “no”. De hecho, es preferible decir no de formas positivas, haciendo entender al niño las consecuencias que tendrían sus acciones o acceder a sus exigencias y mostrándole alternativas más adecuadas para él y para la familia en determinado momento. Si utilizamos el “no” varias veces al día, esa palabra y ese mensaje pierden valor, el niño puede percibir que se le niegan muchos de sus deseos y generar así desconfianza y temor, y es posible que él también empiece a usarlo con más frecuencia. Como padres y madres (recordemos siempre que los adultos somos nosotros) es fundamental mantener una actitud serena, mostrándonos firmes sin gritar o desestabilizarnos. Por respeto a él y para que no sienta que tiene el poder de alterarnos. También deberemos estar convencidos del objetivo de nuestra negación y ser conscientes de que es algo positivo para nuestro hijo o hija –y tal vez para la familia– en ese momento. Si el menor se enfada o nos intenta poner a prueba, es preferible mostrar indiferencia que enfrentarnos a él o alterarnos emocionalmente; si no recibe la atención que busca, muy probablemente se calmará sólo.

De todas formas, todas estas pautas no significan desatender al niño, no dar importancia a sus deseos o inquietudes, ni decir que no de forma autoritaria y no argumentada. Justamente, decir no (preferiblemente, sin pronunciar la palabra "no" siempre que sea posible) sirve, sobre todo a la larga, para que el niño o niña entienda las consecuencias de sus actos o decisiones, y pueda ser capaz de identificar alternativas y entender los efectos de cada acto. De esta forma, la armonía familiar se beneficia, pudiendo fortalecer los vínculos entre padres e hijos porque el “no” a una cosa conlleva un sí a otra, y así los niños se hacen más responsables, más críticos, ganan en autoestima y adquieren más conciencia de sus acciones. Para hacerlo, podemos proponer una actividad alternativa (en vez de decir “no vamos al parque” usar un “¿te apetece que cocinemos algo juntos en casa?”), hacerle tomar conciencia de las consecuencias de sus actos (“si rompes este juguete no vas a poder volver a jugar con él”), posponer actividades, recordándonos cumplirlas más adelante (si el niño quiere jugar con nosotros pero tenemos trabajo, decirle “¿me ayudas a hacer las camas y así termino antes y podemos jugar?”). Este trabajo, naturalmente, va de la mano del establecimiento de normas en casa y de una educación integral de nuestros hijos para que sepan gestionar las relaciones con otras personas, pero son técnicas positivas para lograr objetivos educativos de forma respetuosa, con afecto y cooperativa.

Y vosotros, ¿cómo hacéis para decir que “no” a vuestros hijos e hijas? ¿Habéis notado diferencias según cómo se lo transmitís?

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